Lecturas
Entre la aventura y la tragedia
A través de una voz que recupera la autoridad de los silenciados, Laura Sbdar construye en “Hasta que brille” una travesía de emancipación. La novela, premiada internacionalmente, subvierte las jerarquías de clase y convierte el desierto en un escenario de fuga donde una empleada doméstica toma, por fin, la palabra.

Trepar a una M amarilla gigante es para ellas una conquista, la posibilidad de mirar desde lo alto, de reírse y festejar. Pero subir a la M de McDonald ‘s, como si existiera en ese hecho una pequeña epopeya que ensucia un símbolo capitalista, también supone una caída que puede durar mucho más tiempo de lo que implica que una botella o un cuerpo se estrellen contra el suelo.
La voz narradora de la protagonista en segunda persona establece el vínculo con Lili. El recurso es dialógico como planteaba Mijaíl Bajtin ya que Elsa, la protagonista y narradora se dirige a Lili en una suerte de monólogo interior, como si siempre la tuviera presente y pensara en ella, como si la figura de Lili fuera la destinataria, un ser tan real como construido por su voz.
Todos los diálogos de la novela Hasta que brille de Laura Sbdar (Edhasa) pasan por la voz de Elsa, nunca asistimos a un diálogo en su forma directa. Este procedimiento le da un valor político a la novela ya que la narradora es una empleada doméstica, alguien que en la vida cotidiana es permanentemente silenciada, a la que sus pares aconsejan ser invisible pero que en el marco de la novela asume la totalidad de la mirada. Como lectores sabemos lo que dicen los demás personajes por la voz de Elsa y, de este modo, se convierte en autora y autoridad dentro del relato. Esto permite establecer una diferenciación entre el componente temático y la estructura, el personaje asume en la narración una envergadura diferente a la que tiene en la historia.
Laura Sbdar obtuvo el Premio Internacional Aura Estrada por esta novela que contempla una suma de veinte mil dólares y la posibilidad de desarrollar una serie de novelas que componen el proyecto de una trilogía en cinco residencias que la autora realizará en los próximos años en distintas ciudades del mundo.

El detonante de la acción es el despido que sufre Elsa de la casa de familia en la que trabaja debido a que el dueño la confunde con Lili, otra empleada doméstica de una casa vecina del country que se hizo amiga de Elsa y la castiga por un comportamiento que él considera inapropiado. Elsa sufre las consecuencias debido a esa indiferenciación al considerar a esas mujeres iguales por el uso del uniforme. Observarse y espiarse, en este caso desde una cámara de vigilancia, es una tarea que guía la trama de esta novela y las intenciones de los personajes, especialmente porque la voz narradora nunca es confesional, el relato se establece desde una sucesión de acciones que ella cuenta como si no conociera ni supiera todo, como si algunas situaciones la sorprendieran y desconcertaran .
El despido genera en Elsa el impulso de responder con una acción arbitraria donde las consecuencias se desplazan. Esta reacción que se da en un tiempo y un espacio que no corresponde con el hecho causal será el primer paso hacia un estado de errancia y aventura.
Lili y Elsa entran en la tradición literaria al emprender la fuga, al desertar, ir hacia el desierto que debe entenderse más como un concepto que como un lugar físico. En esa zona inestable, la protagonista pasa de la sumisión a convertirse en un sujeto. Hay una escena donde Elsa se come una manzana en la cocina de la casa donde trabaja y devora el cabo, las semillas sin dejar rastro de la fruta, como si nunca hubiera existido en un gesto que muestra ese pasaje invisible por un lugar donde su tarea hace posible todo el funcionamiento familiar.
Los demás personajes no tienen nombre. Elsa los llama el señor, la señora, el más grande y el más chico al referirse a los hijos de la pareja. Aquí también reside la mirada política de Laura Sbdar como autora al establecer en la palabra una posibilidad emancipatoria, en la voz de Elsa los únicos que tienen nombre son los personajes de las clases bajas, los más afortunados económicamente pierden el nombre en un gesto de venganza.
Cuando la novela se convierte en una aventura, en una suerte de policial desplazado hacia un relato sensible, hacia un juego de sustituciones donde los personajes no son previsibles ni actúan según una demanda de realismo o verosimilitud sino que la línea dramática la llevan los estados emocionales, la fantasía que puede habitar en cualquier persona (incluso en un policía) de ser otro, los roles empiezan a cambiar.
Los personajes que hasta el momento guiaban la acción pasan a actuar en torno a Elsa, a seguir sus decisiones y sus estrategias. Asumir el riesgo de desafiar el verosímil es una tarea que emprende Laura Sbdar como escritora. Ese territorio donde Elsa se convierte en sujeto no evita la dimensión del destino. En la casa de Marco, el policía con quien tiene un romance en el momento menos conveniente, ella vuelve a entrar en una zona de obediencia. Elsa es libre cuando está a la intemperie, toda casa es un lugar de encierro, una pequeña cárcel para ella.