Laura Sbdar es una joven escritora, directora teatral, licenciada en artes, dramaturga y docente. Junto a Mariana de la Mata y Consuelo Iturraspe creó Cabeza, grupo de escritura feminista. Entre sus obras teatrales se encuentran: Vigilante, Un tiro cada uno, Susana y Gloria, El movimiento y Turba. El viernes 7 de febrero a las 22:30  hs. presenta Ametralladora en el Espacio Callejón, Humahuaca 3759.

Para referirse al teatro parafrasea a Lemebel, la escritura es una pregunta sin respuesta. El teatro es “una pregunta que nunca alcanza a ser contestada. Un abecedario díscolo que siempre se entona hacia arriba. Que transpira y transpira buscando posibles ficciones en los cuerpos y las voces. Y también es la hermosa tarea de mirar”. Sus respuestas son poéticas, navega entre las palabras y se abre camino en la creación. Consultada por el estreno de Ametralladora nos habla del lugar de la escritura, el valor de la creación colectiva, el recorrido que viene transitando y los proyectos que tiene para este año.

Fotografía Consuelo Iturraspe.

“La escritura como un tropel de palabras que se abre en el espacio de la imagen”.

¿Qué te interpela a la hora de escribir?

-Por lo general escribo desde el choque. Alguna imagen que se choca contra otra imagen que se choca contra otra imagen. O una palabra que se choca contra un sonido que se choca contra un brillo que se choca. Busco la musiquita particular. El ritmo del texto. Y desde ahí avanzo. Para mí ese sonido es el motor. Un motor sin nafta que avanza a empujones. Porque ahí está otro de los elementos que me interesa, la escritura como un tropel de palabras que se abre en el espacio de la imagen. Y una vez que ese canal está abierto suelo trabajar con algunos territorios temáticos en particular: la violencia de género, la crueldad, los fantasmas y la fantasía. Pero estos temas se vuelven escritura cuando son soportados por una voz y un cuerpo, cuando sostienen un gesto y expulsan un color, cuando la textura de las palabras le otorga al “tema” una multiplicidad de modos de ver.

Tus obras tienen un punto de fuga pero suelen escribirse apelando a recursos que implican deconstrucción y un trabajo inverso a la linealidad del texto ¿Por qué elegís este modo o cómo llegas a el?

-Creo que escribo como leo. Me parece que en el modo de leer se gesta el trazo de la escritura. En mi caso la lectura siempre es verborrágica, cruzada, adictiva  nauseabunda, manchada, silenciosa, a los gritos, compartida, subrayada, escrita con bic negra y corazoncitos a los costados.

Sos muy joven y tenés mucho recorrido en la escena teatral ¿Qué balance hacés cuando miras para atrás?

-Lo que me fue generando el recorrido en la escena es la posibilidad de ir encontrando a las personas con quien armar las legiones de la ficción. Pienso por ejemplo en Pía Drugueri con quien vengo trabajando en escenografía y vestuario hace años. Veo como la unión con su mirada está marcada en mis obras. En Elisa Carli, Nicolás Mauro, Eliana Caporalini y el rol fundamental que cumple un asistente de dirección. En Agustín Obregón que diseña las piezas y Consuelo Iturraspe que lleva el registro fotográfico de todos nuestros trabajos. O en Franco Calluso (diseño sonoro) y Flor Piterman (diseño de coreografía) con quienes estamos trabajando por primera vez en Ametralladora pero seguro seguiremos en los próximos proyectos. Entonces, más allá de los balances que a decir verdad no estoy dispuesta a hacer, porque me parece un gesto que clausura y yo pienso seguir un rato más, creo que el tiempo de trabajo me fue mostrando que dirigir también se trata de rodearse de gente con quien mirar, pensar y actuar. Y por suerte a esta altura, somos una banda.

 ¿Buscás que el espectador salga de cierta zona de confort?

-No sé si existe tal zona de confort. Ranciere dice que el lugar del espectador es el de la mirada. Y en esta afirmación le devuelve a la mirada un rol activo. Es decir que mirar es una acción. En este sentido desarma la idea de la pasividad o para ponerlo en tus palabras: el confort. Un espectador que mira está actuando, pensando, decidiendo, armando y desarmando. En palabras de Ranciere, está construyendo su propio poema. Por supuesto es la obra (que el espectador ve) la que va guiando los versos, el ritmo y la rima de ese poema. En mi caso me interesa el encabalgamiento pero también la cabalgata a pelo y la caída del jinete en el medio del desierto.

¿Qué lugar te posibilita la escritura y la dirección? ¿Qué encontrás en este espacio?

-Creo que son espacios de contaminación, fuga y multiplicación. Tanto la escritura como la dirección me permiten confrontar y compartir deseos, miedos y acciones con otres.

Fotografía Violeta Capasso .

¿Qué podés contarnos sobre Ametralladora?

-Ametralladora es un corazón que tiene el tamaño de un puño que se levanta, golpea y late.

Es la historia de dos hermanitas que viajan solas en un micro. Tienen un accidente. Las internan en un hospital y junto a las otras niñas, organizan la pequeña unión que programa el motín de la ternura. Es la revolución de las niñas. La pregunta por la salud, el cuidado, el afecto, la hermandad. Tanto en el texto como en la puesta trabajamos desde la explosión como modo de redistribución de lo sensible.

¿Cómo comenzaste con este proyecto? 

-Comencé escribiendo Las criaturas, una novela estructurada a partir de tres voces: una niña, un perro y una adolescente. El texto de Ametralladora toma de la novela la parte de la voz de la niña. Me convocaron para participar del Festival El Porvenir hace dos años y ahí empezamos a trabajar con Nico. Presentamos en el Festival una apertura del trabajo que duraba veinte minutos. Luego seguimos trabajando mucho, muchísimo, sumamos al resto del equipo y aquí estamos.

¿Por qué pensaste en Nicolás Goldschmidt para protagonizar Ametralladora?

-Con Nico me pasó algo muy particular. La primera vez que lo vi actuar fue en una obra con mucha gente y algo en su gesto hacía que mi mirada lo siga más allá de la narración de la obra. De hecho no recuerdo bien qué es lo que sucedía, sé que la obra funcionaba de manera coral pero para mí algo de esa grupalidad estaba sostenida en lo que Nico diagonalmente iba proponiendo. La segunda vez que lo ví me pasó exactamente lo mismo. Con la diferencia de que en este caso había un momento en que los personajes tenían su “solo” y vos los podías ir siguiendo. Yo lo seguí y lo seguí y lo seguí. Y acá estamos. Creo que es un actor con una inteligencia escénica deslumbrante. Para mí eso es fundamental, poder trabajar en diálogo permanente, discutir, acordar y desacordar adentro y afuera de la escena. Además nos hermana el placer de la prueba, somos una máquina de probar ridiculeces, disfrutamos mucho de ese momento epifánico donde una idea delirante nos quita el sueño. Y a esta altura creamos nuestro propio método, una dinámica donde nos cebamos como un tropel y nos rescatamos cuando la dinamita ya explotó.

En su trabajo no hay axiomas “si tuviera evidencias preestablecidas no escribiría, no dirigiría, no ensayaría. Justamente lo que me interesa es que cada obra requiere una demostración”. Empezó a escribir para  poder actuar y se deslumbró ante la posibilidad de ser muchas voces, de darle lugar al acontecimiento, de hacer algo ante el desgarro de la imagen. En el 2020 piensa sostener sus obras: Ametralladora que comienza el viernes 7 en Espacio Callejón a las 22:30 hs. Vigilante y Turba que siguen en cartel. Este año publicará su novela Las Criaturas con la editorial Elefante y un libro con sus obras teatrales con Rara Avis. Ahora está escribiendo una novela nueva y “quien te dice se transforme en obra”.

Por: Guillermina Garzia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *